FRAGMENTO XXXV: INSUFICIENTE.
FRAGMENTO XXXV
Insuficiente.
Barco de Papel, tinta escarlata.
Lo más difícil de todo, es sentirse insuficiente para la persona que amas.
Durante meses he sentido la presión de siempre ser juzgado, humillado y
puesto a prueba, en cada uno de los aspectos de la relación. Desentrañé cada
uno de mis sentires, sentimientos y emociones buscando una respuesta a “por qué
yo no era suficiente”, y aunque siempre me fueron esquivas, justo después de un
par de crisis emocionales, entendí, que nadaba en un bucle.
Entenderlo no hizo que la sensación desapareciera, pero si me ayudó a
seguir adelante tratando de recomponer la poca autoestima que me quedó, en
medio de una de las tormentas más difíciles que he tenido que afrontar en mi
vida: había acumulado tantos logros personales, laborales y profesionales, y
por primera vez, me enfrenté a no ser suficiente para alguien por mis
cualidades, por mi forma de ser.
Tuvo que pasar mucha agua debajo del puente antes de poder hablarlo sin
llorar, sin sentirme humillado o sin experimentar ese temor que nos infunden sobre
vernos débiles por expresar nuestros sentimientos.
Esa sensación de insuficiencia despertó en mí tantas inseguridades que
consideré un par de veces quitarme la vida. Pasé por distintas y variadas
fases: desde aborrecer mi cuerpo y mi forma de ser, hasta autoflagelarme por no
ser lo que ella quería. Desprecié a mis dioses, mis ideales y sueños. Me
imponía castigos por no complacerla o hacer que se sintiera a gusto, y puse mi
vida a girar entorno a ella.
Cada día traía sus tonos, grises a oscuros, en los que enojo, tristeza y
decepción fueron mi compañía constante. No ser suficiente es, o equivale, a escuchar
esa voz interna que te dice: te mereces todo lo malo en la vida. Ten, disfrútalo.
Parte del inicio de nuestra relación estuvo enmarcado por una falta de
sinceridad, que más bien esbozó a intencional, aunque dijese ser accidental. Ella
siempre argumentó la “novedad” que era yo para ella. También argumentó su
excesiva timidez. A mí se me hacía difícil creerlo: consideré en ese entonces
que, una persona que puede salir con dos tipos a la vez no ha de ser tímida y aunque
se me dificulta defender ese argumento, hace parte de las cosas que acepté con
el tiempo.
Eso fue algo que influyó muchísimo en el hecho de que siempre me sentí menos
que el otro tipo. Ella y parte de sus comportamientos, no me sacaban la idea de
la cabeza: yo fui su segunda opción. ¡Algo no funcionó con el otro tipo, y “oh
sorpresa!” allí estaba yo para solventar aquella necesidad.
Para cuando quiso aclararme lo que había sucedido realmente, mis
inseguridades ya habían causado estragos en mí, y así como las disculpas, en
cualquiera de los ámbitos de la vida, no sirvió de nada. No hizo que el dolor
se fuera, ni borró los golpes y las noches que pasé lamentándome por no ser
suficiente.
Ese silencio con el que ocultó a la otra persona al inicio de nuestra relación
respondió, los primeros meses, todas las dudas sobre si era yo el que fallaba. Al
darle voz a ese silencio, sólo le sirvió para limpiar su conciencia, pero el
daño ya estaba hecho.
A veces la
respuesta es demasiado obvia. No deja espacio para dudas, ni para réplicas, ni
para cuestionamientos posteriores. En ocasiones no deja espacio, ni siquiera,
para que se formule la pregunta misma.
Tanto dolor que experimenté y sus razones jamás fueron tan excepcionales
como todo lo que brindé, y brindo, desde que decidimos estar juntos.
A veces pienso en la injusticia que significa, darlo todo por alguien y que
esa persona sea incapaz de verlo. Aunque suele ser más doloroso, en mi caso,
que esa persona lo vea, pero no sea suficiente. Considero que no hace falta
decir lo que he hecho y logrado en la relación: lo positivo, que me mantiene en
pie en este intento de ser suficiente algún día.
Sin embargo, si considero prudente, insistir en que ningún motivo justifica
hacer sentir menos a quien dices amar: ni un mal día, ni una relación complicada
con familiares, ni una frustración que camina consigo desde la niñez.
Las letras dignifican el desconsuelo, y mantienen en pie los cimientos a
pesar de la tormenta; ese dolor punzante al que llamamos: soledad. La soledad
de no estar solos, y tampoco poder estar con quien tanto anhelamos. Mi soledad de no poder ser suficiente.
Aprendí por las fuerza, a través de explorarme que las noches nos enseñan a perder, y por eso es común sentir que amar duele. A veces sucede que la realidad nos exige sobre adaptarnos a lo que nos rodea. Buscamos desesperadamente aquel lugar a donde van las cosas perdidas, un lugar en la que podemos aceptarnos como somos a pesar de no ser suficientes y en el que poco a poco nos permitimos fabricar nuevos momentos, sentir que podemos dar un poco más.
Entendí, que a pesar de no ser suficeinte para quien amo, puedo intentar ser suficeinte para mí.

Comentarios
Publicar un comentario